ESTAS SON LAS CLAVES PARA COMPRENDER LA ADOLESCENCIA DE TU HIJO

El pasado febrero, Gema Lendoiro escribía en ABC el siguiente artículo:

Es lo que se conoce como la edad del pavo. Si usted tiene adolescentes o sus hijos están a punto de entrar en esa etapa, sabrá lo que significa. Parece que siempre hay una batalla en casa que librar, los enfrentamientos con los hijos son constantes, los castigos habituales… Es una etapa más que pone a la familia patas arriba. Pero no hay que tener miedo. La adolescencia es un proceso vital más, con la particularidad de que según se viva, así se desarrollará el adulto. Nuestros hijos, que hasta hace poco nos necesitaban para todo, ahora parece que no quieren nada con nosotros. Pero sólo lo parece. Es una etapa de autoafirmación pero en la que es fundamental el acompañamiento de los padres. Mireia Long y Azucena Caballero, docentes y fundadoras de la web sobre “Pedagogía blanca”, ofrecen algunas pautas para llevar mejor, esta nueva etapa. Ellas, además, madres de adolescentes.

descarga—¿Por qué los padres temen tanto la adolescencia?

—Realmente no hay razones para temer la adolescencia. Es una de las etapas más maravillosas y fascinantes de la vida de nuestros hijos y acompañarlos en ella es un privilegio. Sin embargo, hay padres que la temen. Creo que conectan con su propia adolescencia y la incomprensión que sintieron, sus dudas, sus tensiones, su inseguridad, su necesidad de experimentar y levantar el vuelo. Y claro, también recuerdan sus errores, los peligros y las peleas con sus padres. Ahora temen estar en el lado contrario y repetir las mismas situaciones. Su temor generalmente nace de no creer que, aunque sus padres lo hicieron lo mejor posible, ellos pueden hacerlo de otro modo y comprender mejor a sus hijos.

Además, y eso es indudable, los muchachos en esta etapa, si no tienen un vínculo de confianza en su hogar y si no han crecido aprendiendo a ser responsables, pueden verse presionados por el grupo de amigos y tomar malas decisiones.

El temor, por tanto, tiene sus explicaciones, pero creemos que no está justificado. Temer a la vida y no confiar en nuestros hijos no es la mejor forma de ser padres de un adolescente.

—¿Qué pasa exactamente en el cuerpo y la mente del ser humano cuando se llega a esa etapa?

—Es el gran cambio en todos los aspectos. Una aceleración del crecimiento físico que trae cansancio y necesidad de expansión a la vez. Hormonas que alteran a veces el ánimo y hacen que estés un poco irritable. La sexualidad que explota con una fuerza enorme. El deseo, las ganas de experimentar placer, el enamoramiento. El gran reto, inmenso, de elegir tu camino, de saber quién eres tú, tú mismo, no lo que tus padres o los demás quieren que seas. La culminación del proceso de maduración cognitiva e intelectual. La necesidad de encontrar las propias respuestas a las propias preguntas. Y todo a la vez. Temor al futuro y a dejar de ser un niño y falta de temor a la vez, porque debes asumir riesgos. 

—¿Por qué esa brecha tan grande entre adolescentes y padres?

—No creo que exista esa brecha. Muchas familias disfrutan de este periodo de la crianza como la mejor etapa, sobre todo si han construido una relación de confianza mutua y han ido ayudando a su hijo a tomar responsabilidades y a hacer sus elecciones. Desde luego nuestros hijos adolescentes son una fuente de orgullo, alegría y aprendizaje enorme para nosotras.

Sin embargo, para lograr esto las bases se ponen en la primera infancia y exige que los padres comprendan y apoyen a su hijo como ser individual, con sus sueños propios y sus propios objetivos vitales. Y además sepan que en esta edad los chicos necesitan muchas horas de sueño, mucha reflexión propia, mucho respeto. Si los presionan para que se fuercen o para que sean lo que los padres creen que es el único camino correcto, los chicos se rebelarán. Y tienen que hacerlo porque la humanidad tiene la adolescencia para que podamos avanzar y no estar anclados en las mismas ideas y costumbres para siempre.

—¿Cuáles son las bases innegociables que los padres deben tener claras los padres durante la infancia para que luego no salten los problemas en la adolescencia?

—Nunca se usa la violencia física, emocional o verbal contra nadie. Ni los padres hacia sus hijos, ni los hijos hacia sus padres. Y en esto se incluye a los hermanos, amigos o cualquier persona del entorno. No se usa el chantaje, no se insulta, no se humilla, no se amenaza y no se pega. Se permite experimentar pero no ponerse ni poner a nadie en peligro o en situaciones molestas. A medida que los niños crecen los padres deben aprender a distinguir las situaciones en las que los niños ya pueden tomar sus decisiones, cuales se pueden negociar y cuales deben tomarlas los padres. Pero siempre con diálogo, cariño, empatía y cercanía. Nuestros hijos deben confiar en nosotros. Desde pequeños. Y eso se logra usando pocos «nos», mucho diálogo y no castigando, sino ofreciendo normas claras y amorosas que respeten las necesidades naturales del niño en cada etapa. La clave es, como decimos, acompañamiento y confianza. En la Pedagogía Blanca trabajamos en esta línea, formación teórica y, sobre todo, muchas herramientas prácticas para fomentar la autoestima, el aprendizaje creativo y la comunicación positiva.

—¿Cuáles son las cosas buenas de esa etapa?

—Posiblemente los adolescentes son los seres humanos que han hecho avanzar más a la humanidad, por su valor, por su inconformismo, por su necesidad de buscar nuevos caminos, de descubrir, de experimentar, de amar la vida y sus delicias, de preguntarse por todo y no conformarse con lo establecido. Son maravillosos, creativos, generosos y brillantes, enérgicos, valientes, comprometidos, curiosos. Y necesitan que se lo digamos, no que les carguemos con etiquetas o los intentemos domar a nuestro gusto.

—¿Cuáles son las consecuencias negativas de una adolescencia mal tratada (no en el sentido del maltrato sino en el sentido de la no comprensión) en la vida de un adulto?

—Falta de autoestima, necesidad de ser aceptado a costa de la dignidad o la seguridad propia, actitudes de agresión o malas palabras, alejamiento emocional y falta de confianza hacia las personas cercanas, abuso de drogas y alcohol, sensación de no haber elegido tu propia vida. La prevención es clave.

—Comunicación, confianza, charlas, ¿los adolescentes también necesitan límites, supongo?

—Por supuesto. Todas las personas tenemos límites y necesitamos normas. Pero para cuando han llegado a la adolescencia posiblemente ellos mismo debieran ya saber cuáles son los límites y cuáles son las normas: respeto y seguridad para ellos mismos y los demás. Ahora, cuales son las que tengamos en cada casa, aparte de estas, quizá es el momento de negociar. Al fin y al cabo, nuestro objetivo como padres es que ellos sean capaces de volar solos y ser responsables de sus propias vidas.

Nuestra experiencia como educadoras y como madres de adolescentes nos dice que un ambiente de respeto mutuo, comprensión, paciencia y mucho diálogo son las mejores herramientas y dan un resultado maravilloso. Nuestros hijos lo son. Nos gusta vivir con ellos, hacen nuestra vida más interesante y nos dan mucho más de lo que en nuestros mejores sueños pudimos pensar. La adolescencia está resultando una etapa en la que la relación con nuestros hijos es excelente y ellos son personas respetuosas, empáticas, comprometidas, estudiosas, con sus amigos y sus intereses, con grandes sueños y capacidad de compromiso y esfuerzo, colaboradores y curiosos, que nos valoran, nos ayudan y nos apoyan.

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