¿Sabes lo que aporta realmente la inteligencia emocional a tus hijos?

hsociales_thumb2 (1)Artículo escrito por Laura Peraita

Los centros escolares que imparten la inteligencia emocional fomentan la igualdad frente a las diferencias en los ámbitos de la conducta y del aprendizaje, y hace que los niños sean más capaces de afrontar las incertidumbres con comprensión, la creatividad y el sentido de la responsabilidad. Así se desprende de un informe realizado por la Fundación Botín sobre el Estado de la Educación Emocional y Social en distintos lugares del mundo.

Se trata del tercer estudio de estas características que realiza este organismo sobre un total de 16 países. Según Íñigo Sáenz de Miera, director general de esta fundación, «conocer experiencias alrededor del mundo que se preocupan por el bienestar y el desarrollo emocional, cognitivo y social de la población infanto-juvenil, y que utilizan estrategias creativas y eficaces para conseguirlo, nos da pistas y nos ayuda a continuar desarrollando instrumentos y metodologías válidos para el propio programa educativo de la Fundación», que ya se aplica en cuatro comunidades autónomas de España: Cantabria, Madrid, Navarra y La Rioja.

Alicia Nacenta, coordinadora de Educación Responsable en el Colegio Público Miguel Delibes de Leganés, asegura que en cada una de sus clases hay un alumno con problemas de motricidad «lo que supone un valor añadido para el resto de los alumnos por los valores que les aporta: a respetar las diferencias, a valorar lo que tienen…».

En este colegio realizan numerosas actividades como festivales, concursos de cuenta cuentos, mini olimpiadas, aula virtual, programas de radio matinales (en los que felicitan a los niños que cumplen años, hacen dedicatorias…) para empezar con humor el día, organizan patrullas escolares para que vigilen que no existan problemas en el recreo, otra patrulla verde para que no tiren cosas al suelo…

Además, cada año eligen un motivo sobre el que trabajar como salud física y emocional, educación responsable… «Este año hemos elegido Cuidarte, para aprender a cuidarnos a nosotros mismos, al planeta y a los demás mediante el arte. Fomentamos, además, queellos mismos elaboren en clase las normas que deben cumplir durante el curso, que cuando consigan un reto positivo saquen al pasillo un cartel anunciándolo para que el resto de los alumnos lo vea y se produzca un efecto contagio. También practicamos cinco minutos de relajación con música cuando regresan a clase después del recreo, puesto que consideramos que son niños sobre estimulados y estresados con tantas actividades y deben aprender estas técnicas».

Con todo ello, Alicia Nacenta reconoce que en el último años «hemos apreciado que ha disminuido un 25% los problemas de disciplina, por lo que queda demostrado que la inteligencia emocional da resultados muy positivos».

Belinda Heys, que forma parte del grupo de expertos de la plataforma para la innovación de la educación de la Fundacion Botín, asegura que en 2009 comenzaron a impartir en Austria el programa «Happiness» en seis centros educativos y actualmente hay 90 centros que lo imparten. Consiste en dotar a los niños de las herramientas para que ganen confianza en sí mismos, y aprendan a ser más felices. «Si la felicidad es una actitud de la mente, hay fórmulas y actividades para mejorarla», asegura. Para ello, tratan seis módulos diferentes: bienestar emocional, logros personales, nutrición y salud física, cuerpo, movimiento y ejercicio, cuerpo como modo de expresión y el yo y la responsabilidad social como modo de ayudar a los demás.

«Todo se enseña de manera muy práctica y, para ello, primero deben fijarse en un aspecto, después actuar y posteriormente reflexionar. De esta manera aprenden que si no nos fijamos en nuestras emociones, no podremos gestionarlas».

En Argentina también muestran preocupación por la inteligencia emocional. Isabel María Mikulic, trabajadora social y doctora en Psicología, apunta que «en nuestro país, como en muchos otros, tradicionalmente las emociones poco se han tenido en cuentacomo procesos relevantes del desarrollo, de forma especial en el espacio educativo, donde los aspectos intelectuales y cognitivos han absorbido, casi de manera exclusiva, toda la atención. Sin embargo, en las últimas décadas, se comienza a detectar el incipiente interés de quienes preocupados por brindar lo mejor de sí en el ámbito educativo argentino, se animan a pensar en términos de educación emocional y social».

Eliezer Yariv, máster en Psicología por la Universidad de Haifa (Israel), lamenta que las constantes amenazas al pueblo judío refuerzan la cohesión de grupo y aumentan la desconfianza hacia los demás. Sin embargo, aplaude la campaña nacional del Ministerio de Educación israelí dirigida a fomentar el bienestar emocional y social de los alumnos, mejorar las relaciones sociales y aumentar la sensación de seguridad en las escuelas.

Se trata de una iniciativa nacional conocida como programa de prevención de la violencia, que se ha implantado actualmente en 1.200 escuelas, en los dos últimos años se ha conseguido reducir en un 30% la violencia escolar.

Este programa basado en financiación pública adopta, entre otros aspectos, el arraigado plan de estudios de habilidades para la vida.«En el primer caso práctico se describe el lenguaje de la jirafa, un programa que fomenta las habilidades de comunicación no violenta en los niños en edad preescolar y con necesidades educativas especiales. Los pequeños aprenden a evitar pronunciar determinadas frases y juicios provocativos y asimilan modos de expresión no conflictivos. En el segundo caso se describe el programa Disciplina y diálogo; una breve intervención psicopedagógica», asegura Yariv.

Así mismo, Peter Van Alphen, profesor de Órgano por la Universidad de Sudáfrica, añade que en Sudáfrica el 60% de los niños vive en la pobreza y existe una gran segregación social, lo que dificulta la educación de los menores.

Entre los planes de estudio prácticos que se imparten a niños de 5 años hasta a jóvenes de 19 años destaca tres. El primero es sobre un centro educativo público en el que se utilizan enfoques pedagógicos bastante tradicionales, pero donde el profesorado, gracias a su implicación, consigue involucrar al alumnado en el aprendizaje deorientación para la vida.

En el segundo caso se describe un proyecto implantado en una zona rural, aplicado en los centros públicos locales, donde, por una parte se recurre a la narración de historias y diversas actividades creativas y, por otra, a técnicas de visualización para liberar las emociones negativas del pasado. Las primeras actividades las pueden realizar los propios profesores, mientras que para aplicar las técnicas de visualización es necesaria la participación de un psicólogo profesional o de alguien con cualificación similar.

«En el tercer caso —asegura— se describen las experiencias de dos centros educativos situados en distintos contextos sociales donde se aplica la pedagogía Steiner/Waldorf: uno de educación infantil para niños de 6 meses a 5 años en una comunidad marginal del extrarradio; y un programa de orientación para la vida basado en las artes,aplicado en una escuela de primaria con pedagogía Steiner/Waldorf consolidada. Ambos casos parten de la base de que rodear a los niños pequeños de valores humanos, entornos bellos y una educación creativa, supone una base fundamental para alcanzar la sensibilidad social y el bienestar emocional.

Según Johanes Finne, profesor de la University College en Noruega, asegura que «la figura del docente es importante porque es una de las personas claves de la vida de los estudiantes y tiene que relacionarse de manera positiva con ellos, y formentar que entre ellos también exista un buen ambiente». Explica que a través de la aplicación de la inteligencia emocional los alumnos aprenden habilidades sociales, a gestionar el enfado y a razonar. «Se logra mediante actividades diversas como el juego de rol, que les permite observar cómo actúan y deciden los demás, para reflexionar y determinar lo que está bien y está mal».

El profesor asegura que para lograrlo están aplicando las pautas de un programa americano denominado ART, un método que está dando resultados muy positivos. «Observamos que el comportamiento se aprende y, por eso, hemos decidido cambiarlo y mejorarlo a través de nuevas habilidades. Merece la pena emplear tan solo 4 minutos de cada hora de clase a esta actividad porque además se fomenta su concentración, que en los alumnos suele durar unos 17 minutos, después disminuye».

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