EL MIEDO DE LOS NIÑOS A LOS RUIDOS

(Artículo de Alba Caraballo)

Todos los días leo con mucho interés la agenda de mi hijo pequeño. En ella, su profesora me cuenta lo que han hecho en clase o cómo ha pasado el día el niño. Últimamente, me escribe que se asusta con la mascota de clase. No le gusta cogerla o jugar con ella. En casa, también he percibido algunos miedos nuevos en él.

slider29Hoy, que es el Día Internacional del Ruido, he recordado que uno de los miedos de mi hijo de 2 años es referente a los ruidos. Si me han puesto un papel en el limpiaparabrisas del coche y suena al chocar contra el cristal cuando el automovil está en movimiento, se alarma preguntando de dónde sale ese sonido. Si el vecino da un portazo fuerte al entrar en casa, viene corriendo preguntando qué ha sido ese ruido.

El oído de mi hijo siempre está alerta ante posibles ruidos desconocidos. De hecho, también me sorprende cómo capta sonidos que pasan totalmente desapercibidos para mí, como un pájaro que trina, una canción en la radio de otro coche o un señor que va silbando por la calle.

Los niños, en esta etapa de su vida, están en un estado de atención constante, por lo que los ruidos fuertes y desconocidos, les crean miedo y ansiedad. Es importante, que los padres no despreciemos esta sensación en los niños. Hay que apoyarles y estar a su lado cuando tienen miedo ante un ruido. De lo contrario, se podría potenciar esta inseguridad.

Si el niño llora, se sobresalta o se asusta ante un ruido extraño, es importante que no le  ridiculices o te rías de él. Explícale a qué es debido es ruido y por qué no ha de temerlo. No le intentes exponer a los ruidos que le dan miedo de forma brusca, podría aumentar su sensación de pánico, hazlo de forma paulatina y con tiempo.

Poco a poco, irá perdiendo esa sensación e irá superando sus miedos, normalmente a los 4 años los niños ya no se asustan al escuchar ruidos como la aspiradora o la olla exprés en la cocina.

La exposición a altos niveles de ruido puede provocar serios problemas de salud, como alteraciones del sueño, pérdida auditiva e, incluso, otras enfermedades como estrés, ansiedad, problemas cardiovasculares o dificultades en el aprendizaje en niños. Por ello, es básico no someter a los niños a ruidos innecesarios y cuidar el oído de nuestros hijos.

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